Comencé a desarrollar esta serie de obras a principios del año 2020. No tengo idea de por qué, en esos días, se me ocurrió empezar a modelar los muñecos que serían protagonistas de este proyecto. Mi formación estuvo siempre vinculada al dibujo y a la pintura y posteriormente, también, a la fotografía. Sin embargo nunca había trabajado con muñecos, ni títeres, ni nada parecido. Así que tuve que adquirir todo el conocimiento que me permitiese llegar a obtener de esas figuras algo medianamente interesante. A medida que iba avanzando en el aprendizaje me fui entusiasmando con el resultado, porque entendí que si lograba que la fisonomía de los personajes lograse un adecuado nivel formal, estético y descriptivo; obtendría múltiples opciones para poder “contar historias”. Cuando me refiero a “adecuado nivel” no tiene que ver con lo realistas o “bellas” que luciesen dichas figuras, sino más bien con el potencial visual de las mismas y a las posibilidades de “comunicar cosas” con ellas.
Así, de a poco fueron surgiendo pequeños personajes construidos con alambres y papel, para los que debí tomar decisiones en cuanto a su apariencia física, vestimenta, entornos escenográficos, etc. Decidí enfocarme en “qué decir” y luego ir resolviendo los detalles de las figuras y sus interacciones. Paso a paso fueron surgiendo hombres y mujeres, más tarde, perros; para luego ir resolviendo los espacios y elementos en los que se desarrollarían las escenas. Todo ha sido realizado a mano, casi sin intervención de tecnología, más allá de algunas impresiones en papel o acetato y el desarrollo puntual de planos en 3D. Esto no significa rechazo o animadversión a la tecnología, sino que en esta oportunidad me interesaba trabajar a la “antigua” intentando que se percibiera mi impronta en el proceso.
“Exilio interior” es la mirada a un mundo que avanza enloquecidamente hacia no se sabe muy bien dónde, en plena era de esto que llamamos posverdad (sea lo que sea que eso signifique), por parte de un montevideano nacido en 1969. Es la contemplación “del collage de la depredación humana” del que hablaba el músico Luis Alberto Spinetta, aunque sin dramatismo ni amargura. Más bien aceptando la vida como absurdo al que asimilamos echando mano, en el mejor de los casos, al placebo de la creación.
Estas obras no tienen pretensión de crítica, denuncia o reflexión específicamente sobre algo en particular. En todo caso son el resultado de muchas horas intentando entender la vida (y sobre todo, disfrutando de ella) a través de Dante, el Quijote, Fontanarrosa o los Beatles. Divirtiéndome con Asterix, Tin Tin, Lorenzo y Pepita o Mortadelo y Filemón; Buster Keaton, los Monthy Phyton, Los Simpson o Blake Edwards.
Este proceso creativo me dio la posibilidad de recrear parte de mi niñez, jugando a representar mis distintas formas de ver la realidad y encontrando en ello algo parecido a la felicidad, más allá de que muchas veces lo que la realidad me ofrece, no me agrade en absoluto.












